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Morton Feldman (1926- 1987)
Rothko Chapel (1971)

“[…] Aún más elocuente, si perseguimos la idea de un instrumento que encarna la función de iniciador, y de druida por decirlo así, es la finalidad que Morton Feldman da a la viola en Rothko Chapel. Concebida originalmente para ser escuchada en el edificio ornado de telas pedida a Mark Rothko y en donde la luz del cielo del Texas penetra por las aberturas cenitales, la obra musical pretende casar bien con el espíritu ecuménico del lugar, en donde tiene prelación la busca de una espiritualidad “pura”, sin referencia cualquiera a ninguna religión. “Traté, escribía el compositor, crear una música que recorre la línea estrecha entre la abstracción propia a todo arte y el deseo emocional que caracteriza el hecho de ser humano. El coro simboliza la abstracción del arte, la viola solo necesidad de expresión humana.” La viola está presente aquí como revelador de colores, es el único punto moviendo, y alrededor vienen adesarrollarse los grandes colores lisos del coro. La imagen de la función dada a la viola me parece así como la que ofrecería en aquella capilla un estanque imaginario, vasto liquido, espejo infiel de la grandas telas rojas, negras y púrpuras pintadas por Rothko, cuya superficie sería además lentamente modificada por la luz cambiante del sol.

Nunca encontré a Morton Feldman. Pero las fotos que pude ver de él me dan a mirar la imagen de un hombre corpulento y afable, con un cabezón invadido por gordas, espesas gafas que nos dejan adivinar unamirada casi chistosa, el pelo pegado para atrás con negligencia, y más que todo una sonrisa, que se imagina fuerte, desarmante, derramándose alrededor como un reguero de pólvora. De seguro, nada aquí que daría de pensar en el asceta o la ermita, pero al contrario un ser que disfruta de la vida, gozando de todas sus facetas, y asumiendo sus contradicciones e interrogaciones. Para mí, es aún más notable constatar cómo, con la economía de medios y el sentido de lo apurado que le caracterizan, consiguió crear un mundosonoro único, todo hecho de comedimiento, resuelto de una busca, tan ansiosa y apasionada como buscando atientas y prudente, de la quintaesencia. Trascendenciasin fin expresada, trayendo sin dudo su parte de nihilismo y burla, pero, por eso, dejando quizás finalmente a todos la latitud para permitir, a través de la escucha, la llegada de lo que está esperando más alto y que pueda llevarle la música.

Christophe Desjardins,
texto de presentación al disco disc Voix d’alto, Aeon (AECD 0429)