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Luciano Berio (1925-2003)
Naturale, su melodie siciliane (1985)

Mi primer encuentro con Luciano Berio ocurrió en 1984, tocante a la Sequenza VI y a los Folk Songs. ¡Qué “grand écart”, iba pensando, entre la virtuosidad tremenda de la primera, un desafió a toda la historia de la viola, y el uso casi rustro del mismo instrumento en los segundos, eco de una vocalizad popular cogida a su raíz! Sin embargo, ya se presentaban a mí dos formas de expresión de un mismopensamiento, dos manera de introducirme a una expresividad que, año tras año, me enseñaría non solo a consolidar, desarrollar, sino también a apropiarme, y aún más a reunir en una realidad única, la del intérprete — palabra que, según él, debe ser entendida en su sentido más alto. Contar entre los intérpretes armados de su música, eso significa quizás entender esta función de médium del instrumento, entender que nunca representa una finalidad en sí, pero que al contrario debe hacerse olvidar como objeto, por lo magnifico que sea; que el trabajo, el ahondamiento, la apropiación y luego la superación del texto musical es la condición para que nazca esa voz interiora que ningún puede solicitar; y que, al fin y al cabo, gracias a la música es algo más ancho que nosotros que nos puede atravesar, inefable siempre, eternalmente inasequible, un fulgor que solo pasa a través de nosotros — cuando, felizmente aunque raramente, pasa — para ser devuelto a otros de nuevo.

Su último gesto por mí, por lo demás, toma hoy valor de testigo. Cuando, en el otoño 2001, es decir un año y medio aproximadamente antes de que se fuera prematuramente, me llamó para proponerme aprender Naturale, su melodie siciliane, venir a Sicilia tocar la obra, y hacer su creación francesa, me dijo su deseo de compositor de encontrar de nuevo, gracias a esa obra, una música “natural”, queriendo liberarse del tradicional hiato entre "música sabia" y música popular, y haciendo olvidar incluso el lugar del concierto. Me habló después del cantante siciliano que había grabado sí mismo en Palermo, del contenido de esas canciones de calles o mercados, soltadas a los pasantes solo para venderlos frutas o peces, o para contar con vanagloria la conquista de cualquier mujer, pero me habló también de la ligera distancia que quería conservar entre las intervenciones de la voz grabada y la partición de la viola, repitiendo, imitando, y a veces desviando las melodías sicilianas. Pasador de memoria, trovador llevando historias sin tener miedo de mezclar la suya propia, es en este espíritu que su proyecto tomó raíz en mí. Un proyecto que se impuso tanto cuanto como es solo uno de los aspectos de la relación particularmente fecunda entre Luciano Berio y la viola. La proximidad entre el instrumento y la voz cantada constituyó una primera fuente de inspiración: mucho tiempo antes de Naturale, las Folk songs ya mostraron sus primicias, Voci ofrece un magnifico cumplimiento, y quizás estamos aquí frente al concierto por viola más importante de la ultima mitad de siglo, y con certidumbre él que recibirá, y con justicia, la escucha más ancha. Encontramos también unos ecos notables de aquella proximidad instrumento/voz en los operas, en particular el empezar del cuarto cuadro de Outis, este asombroso dúo entre la viola solo y la voz de soprano.

Christophe Desjardins,
texto de presentación al disco disc Voix d’alto, Aeon (AECD 0429)