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Una breve historia sobre la viola

“¡Si! ¡Una viola! replicó, como si la familia de las cuerdas no tuviese secreto alguno para él, y sin embargo ignoraba, tan solo hace unos minutos, la existencia de aquel instrumento del cual ahora parecía saber que la viola es ancestro de la cuerdas, que el cuerpo de este instrumento mide entre treintaiocho y cuarentaitres centímetros, que su técnica de tocar es equivalente a la del violín pero que resulta más difícil hacerla sonar con virtuosidad, que en el siglo XVII existían numerosas violas de dimensiones superiores, como respuesta a la necesidad de un sólido instrumento tenor para las obras para cinco instrumentos de cuerda, tal como era la tradición en esa época; instrumentos cuyas líneas o partes nunca descendían mas que el do, que se tocaban apoyados sobre el brazo, se notaban en claves de do en cuarta linea y do en tercera línea del pentagrama, y cuyo más famoso ejemplar es la viola medicea hecha por Stradivarius para el Duque de Toscana; y también que, con la reducción de la escritura de obras envez de cinco instrumentos, cuatro instrumentos de cuerda (siglo XVIII), esos instrumentos desaparecieron, salvo la viola solo cuyo tamaño era demasiado estrecho para bajar hasta el do: de donde resultaron numerosas tentativas para trasformar la viola en el siglo XIX: el violín tenor de Dubois, el contralto de Vuillaume, la viola lata de Rotter, el violetto de Stelzner — instrumentos demasiado difíciles de tocar, y que no lograron imponerse más que el arpeggione al cual Franz Schubert dedicó una sonata, que hoy se toca con un violonchelo. Parecía saber también, aquel padre que me miraba a manera de fervor triunfal, que los artesanos del siglo XIX entendieron que no sería posible mejorar la viola de otra manera que partiendo del tamaño tradicional del instrumento: sus resultados fueron tan tremendos que llegó a lograr una sonoridad muy superior a la de la mayoría de los instrumentos antiguos, sin embargo todo violista sueña con tocar con un instrumento de la escuela de Brescia, como por ejemplo un Gasparo Da Salo de 1560.”

Richard Millet, La voix d’alto ©Gallimard

“Una voz otoñal”

“Un inmenso repertorio […] el cual que podría yo ilustrar sin problema, añadió, con este instrumento que no tiene, ahora lo se, ni lo virtuoso y brillante del violín ni lo patético del violonchelo, ni aún menos la dimensión meditativa de la viola de gamba, pero es un hermoso instrumento de voz otoñal. Un paseador viril y femenino a la vez, capaz de inspirar emoción sin revindicarla, un poco distante y por lo tanto muy moderno, de calor maternal o seco si su factura es de origen italiana o francesa, que propaga el sonido o que por el contario tiende a detenerlo según si su tabla es plana o curva […].”

Richard Millet, La voix d’alto ©Gallimard